Terça-feira, Outubro 19, 2010

Arte, Ciencia y Religión en San José.

Hay mucho texto en el trance de los postmineros que superpone escenarios ficticios del trabajo (la cultura minera) como lo que en general se ha dicho y criticado como aprovechamiento, espectáculo, etc, mientras que la pertenencia a una cultura adoptada a través del trabajo minero por generaciones o por desesperación se desvanece por y en el trauma.

Podemos meter otro enfoque a la cuestión de los soterrados vivos: como ejemplo de la brecha entre intersubjetividad y cultura en la medida en que la primera se ve descuartizada por la pantalla y su funcionalidad y limitación, mientras que la segunda es in-visibilizada, desaparece. En tal desastre simbólico, queda algo para ser pensado?


Me preocupó más cómo nos vimos nosotros mismos proyectados en los soterrados. Es decir, cómo el que pregunta pregunta por lo que le preocupa personalmente, exactamente lo contrario a la idea de que una

entrevista está hecha en representación de un público. Por lo tanto muy lejano de poder analizar esto como un guión televisivo, puede pensarse como expresión de nuestras angustias, de la pesadilla de despertar bajo tierra sin concluir planes de trascendencia prometidos por nuestros padres y maestros, por nuestros propios dioses y demonios. 

Estaríamos entonces soterrados. En el verso del Hannibal de Grabbe: , imposibilitados de caer fuera de este mundo. Accedemos al placer del hallazgo en la tragedia de nuestros derrumbes; accedemos al placer del rescate de nuestras pérdidas mediante el aparato industrial al que podemos modelar, reparar, probar, usar; accedemos al placer de corporeizar el sufrimiento en la adrenalina del alimento envasado del nomadismo urbano pero no resolvemos vivir. La dignidad en suspenso siempre posibilita está búsqueda desenfrenada del placer interrumpido por la tragedia constante de un país sin felicidad: “El designio de ser felices que nos impone el principio del placer es irrealizable”.

Vocabulario:

Fénix : La felicidad como arte, como experiencia de la belleza en este caso abandona las paredes de los museos de roca y se descuelga hacia la experiencia tecnocientífica del salir. La obra-aparato lleva nombre de ser mitológico porque expresa la alegoría del arte y la belleza como parte de la tragedia. Funciona de advertencia, nada está seguro, es tragedia en potencia, salir es morir, no sólo renacer. No olvidar que el ave fenix está en llamas siempre, calcinando la memoria de sí, muriendo.

Biblias: La idea de una felicidad por imposición desde dentro de la experiencia humana, el deseo como deseo de felicidad, imposible de evacuar por otras vías (sin el costo de la culpa y el silencio posterior condenado a romperse en algún momento) -sin clases de yoga a la mano- se vuelve a la religión de papel liviano.

Sexo: No seríamos nada sino tuviéramos sexo, habría dicho Wittman según relata Freud, por lo que se pregunta por ello en los primeros reportajes y se obtiene la respuesta lógica, sin embargo se expresa el tabú del que pregunta, su insatisfacción, los soterrados juntos, sin sexo, negados como seres vivos, soterrados por oposición a los vivos que sí tienen sexo, que perforan pero que engendran algo (qué?) al hacerlo. 

Palomas: tubos que permitieron enviar herramientas de sobrevivencia tales como cámaras de video, cartas censuradas, presentes de famosos, un formato de contrato internacional y algún alimento. Fueron las aves conocidas en las plazas de las ciudades como plagas, vehículos de enfermedades, voraces mensajeras de la paz y de estrategias militares que permiten expresarnos como poseedores de bien y de mal, potentes, agentes epidémicos del cielo y la tierra, siempre en viaje, en tránsito y aceleración.

Campamento: Acampa el nómade y el turista que disfruta el placer de lo único, del momento único en tanto su propio momento, no el de los que pasan a su lado. El nómade, en tanto, reproduce una condena, vuelve a traer el nomadismo original a un océano inhóspito de arenas prometidas. Estamos en campamento para sobrevivir no para vivir. Se opone el momento único del turista al campamento de la letrina que devuelve a la tierra lo que le podemos devorar. El campamento es promesa de abandono, de irse eternamente de lo familiar, de lo comunitario, de lo pasado, de lo abonado. No hay tierra, sólo desierto para el pueblo trágico, del delirio mesiánico y la matanza religiosa, del maná y las pedradas a las mujeres adúlteras. Largo y flaco, el campamento San José podría llamarse Santa María, fundar allí una escuela, a la que peregrinen los obreros y sus familias cada año para morir en manos de todos nosotros.

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