La Grecia post-clásica
Más allá de las preocupaciones mundanas hay grandes sectores de población en el mundo que continúan una crisis económica permanente, crónica, y algunos, no pocos, verán agravada tal situación en términos de calidad de vida conquistada. La pregunta no debiera ser, entendiendo lo anterior como algo de fondo, si hay o no justicia en los mercados o en las finanzas internacionales. Que nadie se olvide que en el mundo sucede una serie de tempestades financieras que reacomodan el poder global y lo colocan en manos de dueños con disfraces nuevos para seguir quebrando países y saqueando culturas.
Los comentaristas financieros de comercio de bonos están hablando de Grecia. Colocan el problema en quién pagará la deuda de Grecia si finalmente se declara el default y se transparenta y oficializa la imposibilidad de pagar los intereses de los préstamos del Banco central Europeo, del FMI y la Comisión Europea. Se ha dicho que Grecia está en condiciones de salir de la zona euro lo que ha develado una negociación o simplemente una amenaza a los acreedores en términos de acelerar el no pago. Lo que no se ha dicho mucho, es que por estos días está de visita la delegación que supervisa el cumplimiento de las políticas de ajuste que estos acreedores le impusieron a Grecia. En esa negociación se ha exigido a Grecia que imponga a su población un nuevo plan de ajuste. Eso significa que el gobierno debe enfrentar a su parlamento y a su población, lo que en definitiva es generar una nueva crisis de gobernabilidad en medio de la crisis generada a partir de los mercados y la especulación financiera. Grecia podría volver a ser un laboratorio – a pesar de sus esfuerzos - en el camino de destruir la preeminencia del Estado sobre las finanzas en las zonas en que aún hay una defensa de ese principio. Ahí entra en juego el sentido de futuro de los gobernantes globales, aquellos que no son elegidos en espacios democráticos. Se ensayó siempre en lugares periféricos y el golpe va acercándose a los centros aunque aún es temprano. Por ahora es el tiempo de someter a las poblaciones, desorganizarlas y sacarlas a la calle como masas destructivas que permiten la acción pacificadora de los gobiernos globales. De hecho los gobiernos, encargados de ejercer la violencia del Leviatán debaten si es una buena idea o no hacer esto que se pide desde fuera. La violencia simbólica es una lección que se aprende ejerciéndola y a eso es que están expuestas las poblaciones desde mucho tiempo antes de asomarse a una plaza. Hoy el Financial Times reconoce en las negociaciones que corren en Grecia al Leviatán moviéndose. Habla de lo que auguraron profetas letrados desde hace décadas. El resquebrajamiento de los Estados viene finalmente de la mano de las finanzas internacionales más que de las culturas emergiendo por entre las fronteras violadas como anunciaban los análisis sobre los refugiados. Sobre esas cenizas se levanta el nuevo monstruo bíblico que reemplaza a nuestros estados de vida en común y nos pone en las fauces de los cobradores de intereses impagables. Eso es lo que se rechazó en el parlamento griego el pasado viernes y sobre el cual poco se dice en las informaciones. Grecia volverá a ser blanco del especulador y el saqueo, se apretará el cuello de un país hasta donde pueda sobrevivir y luego se le dejará a su suerte. El nuevo gobierno de Grecia que está fuera de sus fronteras y fuera de cualquiera, le condiciona nuevos préstamos a su capacidad de pago de los intereses sobre préstamos anteriores de los mismos acreedores. Una trampa mortal. Las respuestas movilizadas de ciudadanos que quedan aún en medio de los estados en ruinas post-clásicas no alcanza siquiera para anunciarle al mundo que el saqueo sigue. El dinero prestado hasta ahora no era suficiente, pero lo que es peor es que los intereses que deben ser pagados por tales deudas resultaron extralimitados, como todos sabían, impagables a corto plazo, necesariamente renegociables y rebajables para acortar los tiempos en que los pueblos afectados- no los ricos y derrochadores de siempre- deberán enfrentar el chantaje del hambre.
Si hay algo que pueda salvar cualquier análisis apocalíptico a estas alturas será simplemente que esto ya ha pasado antes y que independiente de lo que se dijo en las pomposas instituciones internacionales, ni Bolivia, ni Argentina, ni Islandia, etc, etc, dejaron de ser viables como conjunto de voluntades que se representa en una cultura y una vida en común, si eso puede ser aún un país en este mundo gobernado por los apátridas.

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